Este episodio de Testeadores, el equipo exploró antojos que reflejan la esencia de Quito. El recorrido comenzó en el Centro Histórico, donde el ponche fue la primera degustación. Su sabor cálido y tradicional fue resaltado como parte fundamental de la identidad capitalina. Esta bebida, además, forma parte de una tradición centenaria mantenida por los “poncheros”, quienes aún recorren las calles con sus carritos y conservan un oficio transmitido por generaciones.
La ruta continuó hacia la Michelena, donde se preparó una espumilla de guayaba decorada con fruta y sirope de mora. Este dulce, muy arraigado en los barrios tradicionales, ha sido parte de la vida cotidiana durante décadas y suele venderse en conos, vasitos o pequeñas copas de vidrio.
Más tarde, el equipo visitó la Cafetería San Ignacio. Allí probaron higos con queso, morocho y empanadas de viento. El morocho llegó espeso y aromático, tal como suele disfrutarse en las mañanas frías de la ciudad. Las empanadas, infladas y crujientes, y espolvoreadas con azúcar. Los higos con queso, por su parte, aportaron ese toque dulce que identifica a la gastronomía quiteña.
El recorrido concluyó con las tradicionales bebas, un recuerdo clásico de la infancia quiteña. Estas bebidas, elaboradas antiguamente con azúcar y colorantes, se vendían en botellas con forma de muñeca y se convirtieron en un símbolo de los barrios populares. Su presencia marcó el cierre perfecto de una ruta dedicada a rescatar sabores que forman parte de la historia y la cultura de Quito.

