La falta de agua potable alteró la rutina diaria de miles de ciudadanos en el norte de Quito, obligando a las familias y pequeños negocios a reorganizar sus actividades básicas. Sectores como Calacalí, San Antonio de Pichincha y Calderón registraron mayores afectaciones, ya que el recurso es indispensable para tareas domésticas, de higiene y para el funcionamiento de locales comerciales.
Según la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps), los cortes y racionamientos se produjeron por un “veranillo” en pleno invierno, caracterizado por la ausencia de lluvias, altas temperaturas y un incremento del consumo, especialmente durante el fin de semana. Estas condiciones desestabilizaron la red de distribución, lo que obligó a realizar trabajos nocturnos, maniobras de válvulas y una redistribución del caudal para recuperar los niveles de los tanques.
Para enfrentar la emergencia, se priorizó el abastecimiento en los barrios más altos y se reforzó el servicio mediante tanqueros y tanques de reserva. Alrededor de 17.000 personas, menos del 1 % de la población de Quito, resultaron afectadas. Mientras el sistema se normaliza, las autoridades hicieron un llamado a la ciudadanía para usar el agua de forma responsable y evitar el desperdicio.
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