martes, junio 18, 2024
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Si todo es arte ya nada lo es

Por Karol Santamaría

Durante una clase de arte contemporáneo, una maestra citó alguna vez al artista francés Marcel Duchamp, quien es conocido por su obra Fuente en 1917. Llegó a ser catalogada como la obra de arte más influyente del siglo XX, ganándole el puesto a la obra de Picasso Las señoritas de Avignon. La curiosidad invadía mi mente y al googlear la obra Fuente encontré que no era más que un urinario blanco y pequeño con una firma a un costado. Esta obra ha trascendido un siglo y Duchamp sigue demostrando que no todo lo que se expone en los museos es necesariamente arte.

Título original: Fontaine
Museo: Tate Modern, Londres (Reino Unido)
Técnica:  Escultura (63 × 48 × 35 cm.) Fuente: https://historia-arte.com/

Frente a esta “obra” el cuestionamiento sobre qué es arte y qué no lo es se repite como un bucle en mi cabeza. La realidad es esa, no todo puede ser considerado arte y el hecho de que ciertas obras estén exhibidas en galerías no significa que deban ser catalogados como expresión artística.

Si todo llegase a ser arte entonces todo deja de ser arte o todos se convertirían en artistas. El hombre es un artista por naturaleza y así lo reafirma el artista alemán Joseph Beuys con su pensamiento de “todo ser humano es un artista”, por lo que la creatividad del hombre prima sobre la técnica. Es tan certero este pensamiento que se observa a los más pequeños en las escuelas desarrollando habilidades artísticas a través de la pintura, el dibujo y la música. Por tal motivo todas las personas están en la capacidad de entender y apreciar las obras de arte. Sin embargo, a través de los años, el significado de arte se ha ido transformando. El arte ya no es sinónimo de belleza o arte figurativo como enseñaban en las escuelas. La evolución sí es buena siempre y cuando exista un propósito de por medio y deje una enseñanza de técnica y mensaje artístico.

Vivimos en una sociedad líquida y esto ha hecho complejo hablar de arte porque la subjetividad de la posmodernidad está ligada al relativismo. Ya no hay verdades absolutas y por ende el arte deja de ser algo que está bien o mal, ahora todo lo quieren disfrazar de expresiones artísticas. Los movimientos artísticos han liderado estas transformaciones. La humanidad ha recorrido el arte medieval, el renacimiento, el vanguardismo hasta llegar a lo que se conoce actualmente como arte contemporáneo y el arte conceptual. Estas tres últimas corrientes se han caracterizado por romper con las reglas de las Bellas Artes a finales del siglo XIX. Sin embargo, estas rupturas de la belleza en el arte se han extralimitado llegando a la simpleza. No se debe dejar a un lado que la característica principal del arte es transmitir un lenguaje y la realidad que el creador percibe en su entorno. Como argumenta la artista mexicana y crítica de arte, Avelina Lesper, “el que hace arte es una persona que domina la técnica, las herramientas de su técnica, conoce los materiales y los aplica para generar una obra”.

Es por ello que no se puede seguir defendiendo un arte que no plasma estos elementos en su composición. Hablar de esta forma de expresión puede llegar a ser muy polémico porque no deja de ser algo subjetivo. No obstante, no se puede continuar denominando arte cuando en las galerías se permiten exposiciones de obras que no presentan una estética, una técnica y ni un mensaje. Este es el caso de las pinturas de Antoni Tápies que han sido clasificadas como arte conceptual.

Para aclarar, arte conceptual se refiere a que el mensaje de la obra predomina sobre el objeto o la creación del artista. El pintor y crítico de arte español Antonio García Villagrán ha comentado en un video de opinión sobre este pintor catalán afirmando: “Tápies es un vendedor de humo. Sus obras no tienen mucho sentido y vemos que es facilona también”. No es necesario ser un crítico de arte o académico para entender que en las pinturas de Tápies tampoco existe un mensaje aunque sus obras son catalogadas artes conceptuales. Lastimosamente en el mundo artístico las instituciones de poder sí influyen para decidir lo que es y no es arte. Son capaces de dar apoyo a un artista para que se convierta en el representante artístico de un lugar como es el caso de Tápies, a quien la política le convirtió en el representante artístico de Cataluña con la exposición de sus cuadros en las reuniones de los gobernantes.

En el mundo del arte existen varias aristas y no se debe dejar a un lado a la música que es otro campo donde se está experimentando el fenómeno de si todo es arte. En este caso es importante hablar de la viuda de John Lennon, Yoko Ono, un artista conceptual y músico japonesa que ha dejado mucho de qué hablar en sus performances. O su voz es un canto disonante o es un conjunto de notas agudas desafinadas levitando en el aire, no hay más. Yoko Ono se autodefine como un artista experimental, sin embargo, no es posible hablar de música experimental si las desafinaciones en la voz forman parte de sus proyectos artísticos y la armonía de la música queda inválida. Lo más sorprendente es que la gente sigue esta tendencia de canto que no hace más que lastimar sus cuerdas vocales. Yoko Ono se autodefine como artista experimental y conceptual. Villagrán ha encontrado una definición para estos artistas que no tienen talento, pero siguen creando y es el término “Hamparte”. Además hace una crítica a esta artista mencionando que lo que más le impresiona de Yoko Ono es que la gente la siga tomando muy en serio pero realiza una crítica a su música y sus obras añadiendo que “la obra de Yoko Ono es la nada”.

No todo tiene que ser bonito para ser considerado arte pero sí debe existir una técnica y más que todo un significado que permita trascender con la obra y deje una enseñanza a las futuras generaciones. Se ha dejado de la crítica en esta sociedad líquida y esto da cabida a que ahora todo se denomine arte cuando la realidad es otra. Esta sociedad da cabida a que lo que no es arte tenga un espacio en las galerías y en los museos y que el público tenga que disimular y convencerse así mismo que eso es arte porque están exhibidos en un lugar prestigioso. Lesper ahonda en la nueva comunicación que son las redes sociales y sugiere: “si ya existen las redes pues que la gente saque su espíritu crítico del armario”. No se pretende moldear o manipular el gusto en las artes porque sigue predominando la subjetividad del ser humano pero no se puede seguir en la vida artística sin criterios y aplaudiendo obras o artistas que no merecen llamarse tal.

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